Camping para Antofagasta
Otra tradición perdida que
humilla al presente, pasado y futuro
antofagastino.
Cuando una familia decide vacacionar, según sus ingresos, también decide su destino, asimismo todos tenemos distinta disponibilidad de tiempo vacacional.
Algunos viajan a diferentes partes de Chile, los más afortunados al extranjero, otros se deben quedar en sus casas con una piscina de 2 X 1 metro.
Hasta hace años, las vacaciones de lujo para todo tipo de familia de diferentes clases económicas, era acampar por tiempo indefinido durante el verano en las playas de Antofagasta; Llacolén, El Huáscar, La Chimba y El Trocadero bullían de colores y alegría. También en sus alrededores, El Colorado, La Rinconada, Juan López, La Portada, el Lenguado, Los Pimpineles, etc. La comunidad toda practicaba el Camping familiar.
Las familias más humildes acampaban sólo cerca de la ciudad, porque los padres de familias continuaban trabajando durante el día, y luego tomaban locomoción hacia los lugares donde vacacionaban sus respectivas familias.
Años atrás las mismas familias convergían en los mismos lugares, naciendo nuevas amistades e intercambios culturales, e inclusive pololeos nacían entre los jóvenes. Cada rincón, pozas y caletones eran conocidos de memoria, los padres miraban a sus hijos crecer al lado de la naturaleza, compenetrándose con el mar, el clima, los cerros y olvidándose de lujos del consumo, ellos cuidaban la ecología, aseaban y cuidaban las playas como nadie. Para los campistas, veranear en la costa antofagastina, era como estar en un trozo de rincón del edén.
Con mi media naranja, éramos parte de ese gigantesco grupo de naturistas. Quizás viví los momentos más felices de nuestras vacaciones.
Un año estuvimos 40 días acampados, conocimos muchas familias calameñas y sureñas, intercambiábamos productos que el mar nos daba; pejerreyes, tomoyos, piures, lapas, etc. Y ellos nos devolvían con ceviches, empanadas y productos envasados, formábamos sociedades que en nuestros barrios no teníamos, una tarde conocimos a una joven pareja de alemanes que hablaban español y dialogamos sobre política, religión, ecología, guerras, paz, educación tecnológica y cultura de ambos países, coincidíamos en sentir el mar como nuestro.
Los alemanes estaban maravillados con estas experiencias, por primera vez conocían conchas de caracoles, lapas, y la unión desierto-mar y gente feliz. Ya que en Europa sus playas no tienen nada parecido.
Estaban asombrados con las cantidad de gente acampando y sobre todo del recibimiento y la confianza que les brindábamos, se sentían como en su hogar.
Paulatinamente la prensa y diferentes sectores que representan la autoridad fueron prohibiendo el acampar en los sectores de Llacolén y el Huáscar con bases y argumentos muy débiles. Acabaron con echar por la fuerza a todas aquellas familias que creían que el mar era parte de su patria.
La impotencia y el desconcierto se apoderaron de los campistas, luego se transformó en pena y morimos un poco, pero lo que no te mata te hace más duro.
Paradojalmente, después de 35 años de conocer Llacolén y el Huáscar, la fauna y la flora marina ha comenzado a morir en esos sectores, el piure que sólo se encuentra en superficie en dos partes del planeta: Australia y Antofagasta, ha muerto en un 90 % en las rocas, paralelamente, justo desde que se prohibe acampar en Llacolén y demás lugares.
Las razones que esgrimían para la prohibición eran varias, como por ejemplo: que las carpas eran indecentes, que daban mal aspecto, que se escandalizaba mucho, que no había higiene.
El mal aspecto: Miles de campistas que recorren todo Chile, llegaban a estos sectores incluidos los extranjeros.
Escándalos: Los sectores tenían una organización tipo vecinal reconocida por las autoridades que no dudaban en expulsar, amonestar o llamar a la fuerza pública. Cada vez eran más aislados los no sociables
Higiene: Se logró el concurso de privados y la Municipalidad de la época para dotar de agua, comercio y servicios para la gente.
Se practicaban deportes diariamente, la vida era mucho más sana que en nuestras propias poblaciones, aunque claro, siempre hay excepciones.
Hoy estos santuarios de la naturaleza están rodeados de discos, moteles y edificios, hasta se terminó con la pista de Moto y Ciclo Cross que eran de la delicia para los jóvenes, aquel parque maravilloso de verde en el desierto se echa de menos.
Y la pregunta que me hago es.
¿Dónde vacacionarán los más pobres y nosotros, que amamos nuestros lugares de crecimiento?
Por esto debemos de recuperar esas playas, demoler ese Camping Municipal, que está en ruinas, que al parecer fue construido para que la gente no armara sus carpas.
Se debe demoler esa estructura de cemento que impide armar carpas en Llacolén, la arena es una cancha natural, y es aquí donde se debe prohibir los campings particulares a 50 metros del mar. Para eso están Juan López, Punta Itata y todas las playas donde sólo se accede con locomoción propia.
¿Cuál es la explicación científica para el desaparecimiento del piure?
¿Cuál es la explicación política para la prohibición de los camping libres?
¿Recuperamos esta franja cercana de mar para la gente?
¿Qué piensa usted del turismo Antofagastino?
¿Qué haría para su despegue?
¿Usted qué opina de la basura en las playas?
¿Somos tan ignorantes e inconcientes con respecto al manejo de la basura?
¿Qué nos falta para ser limpios con nuestro entorno?
Los invito a opinar, a contar sus experiencias, a contradecir, a refutar, los invito a participar.
Les saludo alegremente a vivir cerca del mar, no tiren la basura ni las botellas en las playas, equípense con baño químico, si realizan fogatas o asados, llévense los residuos, no rompan botellas de vidrios, y las plásticas recójanla, traten de llevarse más basura de la que desechan.
Cuando vayan a mariscar no pesquen ejemplares pequeños, déjenlos crecer y devuélvanlos cuidadosamente al mar.
Si pescan un ejemplar preñado devuélvanlo, se sentirán muy bien y nuestros bisnietos continuarán conociendo la fauna y flora maravillosa de las costas que las autoridades y grupos inmobiliarios no saben apreciar.
QUE DIOS LOS ACOMPAÑE
Raúl Castillo Vega
Antofagastino

Estimado señor, los tiempos cambian y las personas tambien, las ciudades crecen y los niveles de salud tambien. Hay que regular el uso del borde costero y no dejar al libre abedrio el uso de un bien tan preciado por todos, a un grupo de seudocampistas que de ecologicos no tienen nada, que ensucian contaminan y arrancan el piure de raiz para pescar unas escualidad borrachillas. Si eso es su eden, esto deja mucho que desear, el borde debe de estar libre para que todos odameos ir a pasear a el y que nunca se invada de carpas sucies y mal olientes en el sector del huascar y llacolen....imaginese que un dia algien llega al patio de su casa y se pone a acampar diciendo que el cuado chico acampaba en ese lugar. Por favor señor los tiempos cambian y si a usted le gusta acampar vaya a un camping autorizado por la gobernación...salgan las carpas del huascar y llacolen..llevense la mugre a otro lado....si los pobre no pueden vacacionar invitelos a su casa porque en mi patio no los quiero....gracias,